«… yo amo el vino con obsesión, y no tengo duda alguna de cuál es el principal motivo: los olores. Catar un vino es olerlo (la sensibilidad del olfato es 10.000 veces superior a la del gusto) y es que la vida del bebedor (catador suena tan cursi) es una vida entregada a los aromas. Frutas, flores y plantas. Moras, cerezas, violetas o tomillo. Vainilla, regaliz, madera, piel o chocolate…».

Me marcó este artículo. Qué sería el mundo, su percepción, sin los olores?. No sería este mundo. Sería otra cosa. Me acuerdo una frase del genial cocinero catalán Santi Santamaría durante un curso: «Qué buscamos cuando cocinamos? Buscamos los olores de nuestras madres, de nuestras abuelas, de sus cocinas». Efectivamente. Buscamos volver a ese mundo idílico, virginal y feliz de la infancia. Como digo irónicamente muchas veces, puedo amar y rechazar por el olfato.(bueno, quizá no tan irónicamente…).
La vida son olores, olores que serán parte de nuestro archivo vital. Ahora mismo pienso en la playa con mis padres, el chalet, el campo, los limoneros, la panadería del  ‘Tío Salvador’ al lado de la casa del pueblo de mi yaya….Podría escribir la historia de mi vida guiado por el olfato.
Y en el tema del vino me viene a la mente una anécdota. Soy sumiller, pero de los que dicen que por encima de todo, el vino es para disfrutar sin muchas normas estrictas. Pues bien, un personaje sesudamente erudito, como le gusta sentirse a él, me llamó la atención de manera ciertamente abrupta, a mí y por ende a todo el que disfruta llevándose una copa de vino a  la nariz. Dijo: «Ya están los sumilleres!!!. Que el vino no se huele!!!. Lo que importa es las boca!!». Desde ese día me reafirmo más, si cabe, en el placer de disfrutar de los mil matices olfativos del vino…
Disfrutemos con el genial artículo…Nos sentiremos identificados….Seguro.

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Master of Wine británico

En la foto, John Salvi, Master of Wine…

Texto Agustin C Piqueres

http://blogs.revistagq.com/nadaimporta/2014/07/olores/