image

image

image

image

image

image

El encanto de los domingos llega a ser adictivo. Cuando muchos siguen exprimiendo sus últimos minutos de fiesta sabatina de retiro a sus refugios, la ciudad se transforma, se relaja, y nos tiende la mano para que compartamos confidencias…Y mi ciudad, Alicante, sus rincones, se prestan a ello. Esta fue la charla que tuve con ella mientras me dejaba guiar por la vista…y por el alma.