Fantástico, y extenso, artículo de Marco Ordoñez. Lectura muy propia para los extremos calores estivales. Quién no tuvo la ilusión de beber para ser como sus escritores favoritos, o como sus artistas en general? Vamos,  vamos!… Alguno habrá!🙂 . Emular a esos ‘grandes bebedores’ (nunca usábamos la palabra maldita: alcohólicos) era algo incluso loable,  sinónimo de intelectualidad. El autor, de  60 años, se retrotrae a las épocas gloriosas de ese desenfreno por una buena causa: emular a los ídolos.

” Esto no es una confesión ni nada parecido. Estas líneas no tienen un gran propósito, ni teórico ni, mucho menos, disuasorio. Tampoco esperen un burbujeante anecdotario. Simplemente hoy me ha dado por este asunto: alcoholes y coctelerías en las costumbres de una generación nacida en los cincuenta del lejano siglo XX. Jaime Gil de Biedma lo hizo (con los suyos) en aquel largo y estupendo artículo llamado «Revista de bares»: siempre es bueno ponerse un modelo elevado.”

El autor nos lo deja bien claro. Así que no busquemos tres pies al gato en una lectura de lo más amena. Así que fuera dogmatismos y apriorismos varios. Además, aprenderemos historia de la coctelería y qué se trajinaban escritores,  artistas e intelectuales varios. Hay un brebaje de una grandísima bebedora, y bellísima mujer, que me tiene fascinado por sus efectos sobre las neuronas… Cognac,  fuego y champagne… Espero que la curiosidad que siento no sea muy persistente!

” Nosotros (mis amigos y yo) bebíamos en grupo y bebíamos porque beber era lo normal. Se bebía en celebraciones familiares, desde pequeños, y ya en la adolescencia era cosa normalísima, por ejemplo, bajarse una cerveza a la hora del desayuno.

Bebíamos porque nuestros escritores favoritos bebían: tras las copas de Hemingway o Fitzgerald no veíamos desazón sino combustible.”

Queda claro, no? Una cosa diría en su/nuestra defensa: por lo menos se usaba a Baco, y demás dioses relacionados, como ‘combustible’. Esto se perdió en décadas posteriores…

” Bebíamos para animar salidas y encuentros. Bebíamos para que todo brillara. Se multiplicaban los ecos de la música, y los destellos de las conversaciones, y los insólitos puentes y recodos de los procesos mentales. Bebíamos para parecer más brillantes. O parecer menos tontos, feos, torpes, etcétera. En la nevera tengo un imán que dice: «Martini! Helping People Lower Their Standards Since 1927». Es un chiste, pero tiene su buena parte de razón. Así acababas dando conversación a gente a la que ni te hubieras acercado en tu sano juicio. Y lo mismo solía sucederle a tus interlocutores/as, por supuesto.”

Me ha gustado particularmente este párrafo. ‘… para que todo brillara. Aunque muchas veces la oscuridad  más profunda se hacía con nosotros en forma de una gran borrachera en toda regla.

“Una ruta de entonces: cervezas en el London de Conde del Asalto, manzanilla en el Sanlúcar del final de la Rambla, picón en el Marsella, un pastís (no había otra cosa) en el minúsculo Pastís, y cazalla de madrugada, o a media tarde, o por la mañana incluso, en el quiosco del Arco del Teatro, con aquellas pasas hipertróficas que parecían ciruelas. Coñac o ron (invernales) en el Almirall de Joaquín Costa, entre viejos solitarios: hablo de un tiempo en el que los bares todavía no eran modernos. Y esa era «una» ruta, porque había incontables derivaciones, a derecha e izquierda.”

Qué, ha cambiado todo un poco, no?🙂. Nos suena arcaico!

” Vuelvo a lo del principio: ¿podía haber acabado alcohólico bebiendo de modo tan continuado? Desde luego que sí. Yo y buena parte de mis cuates. Jehová no lo quiso, y desde aquí le doy las más rendidas gracias. De repente, la ingesta (y supongo que la compulsión) se paró. O la compulsión no se paró del todo, pero sí la ingesta, para decirlo de modo más preciso.”

Pues sí, es para dar gracias a los dioses. En fin, un artículo para disfrutar y aprender con la historia del bebercio patrio…

image

http://www.jotdown.es/2014/08/alcoholes/

Publicado desde WordPress para Android