Siempre me ayuda leer a Jesús Terrés. Su fina ironía cargada de aire fresco y verdad calma mis muchas veces incansables neuronas.
Año nuevo, propósitos nuevos?. Para qué?. Para buscarles un nuevo cubo de basura donde a buen seguro acabarán?. Pero aún así, imbuidos de las fechas almibaradas en las que estamos metidos, no perdemos mucho en hacernos una somera e inofensiva(?) listita. De todos los que nos propone Jesús, me agarro cual clavo ardiendo a uno que me recorre mi alma o mi boca del estomago, no sé exactamente cuál de los dos. Allá va:
          ” “Uno nunca se cura de su pasado”, pero hay que intentarlo.
El pasado… Puede llegar a convertirnos en su más servil esclavo. Puede robarnos nuestro equilibrio, nuestra tranquilidad que creíamos perenne, estable y dura como una roca. Cuando cosas que creíamos enterradas van asomando a la superficie, malo. Me temo que el segundo enterramiento será muy costoso. Despertar a nuestros demonios no es algo que debamos hacer, ni en broma. La espita, una vez en abierta causará estragos. Así que haré caso a Jesús Terrés: uno nunca se cura de su pasado, ni el de gente que nos rodea, pero al menos habrá que intentarlo. De momento, me dejaré seducir por la música, buscaré el bálsamo del despertar al lado de mi mediterráneo, iremos al gym, dejaremos hablar a burbujas del país vecino, e intentaré ver el futuro por un rendija, y acabaré el año sumergido en mi Paraíso privado…
http://blogs.revistagq.com/nadaimporta/2014/12/finales/
Y algo de música que ha vuelto a mí después de un tiempo perdida en mi limbo musical. Creo que define mi estado de ánimo con bastante aproximación… http://open.spotify.com/album/3mboPFEDTdpmq44TQ6rd97

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