Que personas que sabes que te quieren te intenten humillar, mofar, reirse, ningunearte no está bien. No señor. Respiras cual budista en trance para no responder como indudablemente se merece. Buscas argumentos para no hacer daño(no físico, los dioses me libren!). Siempre ha habido ese trato para acto seguido llegar la estúpida contrición, el aburrido arrepentimiento por su parte.
Respiraré una vez más. Pero ya me queda poco aire que me calme. No. Mejor dicho. Cada vez me armo de más y más razones para dar un vuelco radical en esta relación tipo ducha escocesa. Quizá sobraron muchos años de cariño. Nuestros mundos fueron opuestos durante decenios. Pero el recuerdo de años de infinita complicidad nos hicieron mantener algo que se ha convertido en tóxico…

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Agustín C Piqueres, agustrónomo…

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