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Te levantas al alba. Ella te mira con afecto gratuito. Sales a pasear. Ella es un reloj. Nuestro cariñoso despertador. A tu vuelta empieza el viaje en busca del placer. Sabes lo que le quieres cocinar. Intentas que la realidad se aproxime a tu sueño culinario. El pollo, las especias, la carlota, cebolla y ajo, champiñones, guisantes y brandy. Todos se unieron en un fin común: darnos unos momentos de felicidad…
Y así fue. Esa mesa, esas vistas… Nos miramos y dijimos: ‘la felicidad es un cuadro como este.’