Falta mucho de lo que inspira esta foto. Sí. Primera hora de la mañana. Paseo matutino con mi compañera de cuatro patas. Y viendo pasar caras, andares, ruidos, aire de mi ciudad. En el semáforo, una madre con tres retoños debidamente uniformados( hay que empezar pronto a ‘uniformar’ en todos los sentidos…). Ella, cara de pocos amigos. Un rictus amargo, cicutero añadiría. Se ve que ya ha salido amargada de casa. Insulta a uno de los vástagos, que se mantiene a distancia prudencial, mientras ella agarra con su mano a una niña con cara no muy despejada. El otro hermano va por libre. Sabio. Cuando llega al semáforo, cuatro carriles la contemplan, coches a velocidad respetable. Intenta cruzar cuatro o cinco veces, arrastrando con su mano cual garfio a la niña ‘en su mundo’. Los otros dos niños le importan poco en su intento de cruzar en plan kamikaze. Menos mal que su cuerpo muy entrado en grasas cabreadas le impiden esa imprudencia impropia de alguien medianamente civilizado. Cuando por fin cruza en verde, no pierde el tiempo y sigue insultando al niño. Pero todo cambia cuando se junta con más niños uniformados y sus correspondientes papás y mamás también uniformados mentalmente. “Holaaaa! 😆😆😆😆”. Su sonrisa y su falsedad van a la par. El niño insultado por fin se disuelve en el rebaño… Buenos días! https://open.spotify.com/track/5YjfJTB95GJ6m8BIC6fo1G

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