El marco perfecto. La ‘Sacristía’ de Bardisa.

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Conoces a una persona, a una mujer con un pronto arrollador, directo. Nada más conocerla te atrapa. Conocía su vino. Pero ahora entiendo muchas cosas. Es su personalidad. Es lo que llamo el terroir del alma. Ella lo imprime en su vino. Un minúsculo pueblo en las  rudas alturas sorianas, a 900 metros de altitud, da cobijo a este vino extremadamente honesto. Matanza de Soria.

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Apenas unas decenas de habitantes. Ahí tiene sus raíces, su particular trozo de paraíso, Ana Carazo. Tierra con historia más que milenaria, con leyendas que se pierden en el tiempo, campos donde el caudillo moro Almanzor, perdió la vida. El nombre del vino hace honor a su nombre. La Loba. Sí. Libertad, fuerza, el cielo como límite.

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Vive en un triángulo que le da su extrema energía. Entre tierras de Vizcaya, sus cepas sorianas y su Alicante del alma.

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Hedonista en todo el proceso que dará lugar al vino. Vive la viña, vive la tierra y su gente. Deja hablar a la tierra que nos ofrecerá el vino cual ofrenda de los dioses. Ana es cómplice de la gente que generación tras generación ha estado escuchando, mimando a la vid como ella se merece.

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Todo esto trae como resultado un vino que desde las ancestrales tierras del Burgo de Osma, se asoma al Mediterráneo.

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Esto sí que es fusión de Culturas!. Fruta, madera acariciándola y mucho amor… Ana, La Loba, una artesana del vino, una enóloga que dará mucho que hablar.