Pimiento rojo y verde. Ajos. Tomate maduro en mata. Aceite de mi paraíso turolense del Matarranya. Conejo. Pizca de tomillo, romero. Un sollozo de brandy… Y la maravillosa laxitud de una mañana de un domingo armonioso en mil sentidos. Hoy cocinar sirve de exorcismo culinario después de una experiencia gastronómica que tuvo de todo menos gastronómica. Soberbia desbordante jugando a ser un dios de lo tradicional… Y mal sabor como conclusión. 

Hacía falta este humilde conejo con una guarnición de patatas fritas con ajo y tomillo,  con parte del aceite de sofreír la carne,  para limpiar  esa mala, triste tomadura de pelo en forma de ágape tradicional (?).