Una amiga escritora con un mundo interior deliciosamente libre comparte este sharpiano artículo. Olivia Martínez es así!. Estamos acostumbrados a que muchos roedores  de dos patas y dos brazos nos amarguen  con sus escritos o con sus actos. Pero la rata que ‘escribe’  este tremendo, surrealista y realísimo texto me ha cautivado, me ha ganado el corazon. Me ha ‘obligado’ a coger y teclear lo que viene a continuación. La suciedad en una ciudad y la memoria de sus habitantes de dos patas. 

Hace años me ‘mandaron’ un mensaje por quejarme vía Facebook de la mugre, de la suciedad consentida, de la barbarie por unas ‘fiestas’ que arrasaban la ciudad durante 1 mes,  y con dinero público a más inri. Mi indignación era ya perenne, pero en eses mes todo era ya el desvarío. Era como si el miccionado, sus efluvios, los contenedores  y papeleras eternamente rebosantes fueran ya parte de nuestro día a día. Si te quejabas, te miraba mal el establishment y su guardia pretoriana. Una ciudad que llegaron a comparar con Niza se sumió en una decadencia, en una suciedad  que no se podía solucionar con un simple lavado de cara. Hubo un ‘cambio’ político en esa ciudad, pero la mugre incívica ya campaba a sus anchas. La metástasis del incivismo estaba ya muy extendida… Pero la ciudad se empezó a ver más sucia que antes. Y la barbarie de esos días de ‘fiestas’ institucionalizadas (?) fue más barbarie todavía (aunque pensábamos que eso no iba a ser posible!). Más de un mes estuvimos sin papeleras por el centro de la ciudad. Llamadas y más llamadas para su reposición. Se quitaron para evitar ‘actos vandálicos’ (?) me indicaron los defensores de la paz urbana. Me hice asiduo a hablar con el organismo al tanto de las basuras, por cierto, siempre con un trato exquisito. Pero la inmundicia seguía no como antes, sino un paso más allá. Difícil de imaginar, pero real. Nuestros paseos por uno de los cascos antiguos más bellos de España eran muy tristes los domingos. Triste el espectáculo visual y oloroso semana tras semana hasta que hace dos semanas… La guinda!. En el rincón que cita la rata en este hilarante (en su tristeza!) texto, nos vimos a una familia de rasgos de muy al norte de Europa haciendo vídeos a familiares del escritor. El tamaño de estas ratas era ciertamente respetable, algo así como conejos tomateros. Su comportamiento, el de las ratas, fue ciertamente modélico. Pese a ser bastantes decenas eran muy educadas. Entraban y salían de las putrefactas bolsas de basura sin desparramar nada (ay, los humanos cuánto tendríamos  que aprender de su civismo!), al tiempo que posaban por turnos ante los simpáticos hijos de Thor. 

En fin, confío en que no me pase como la otra vez y me lleguen llamadas al orden. Aunque todo ha cambiado,… O no? 

http://www.vahomagazine.com/14/09/2016/un-rabo-enorme/