Javier Moro en la Escuela de Catas alicantina. En mi casa.

 Un día de vinos extremo que concluyó de una forma de lo más agradable. Muchos vinos, muchas zonas, nuevos territorios para disfrutar se están cruzando en mi camino. O quizá yo he ido a su encuentro, al encuentro de un nuevo(más bien  antiguo) mundo de sensaciones?. Vinos con  alma, así  me  gusta referirme a ellos. Vinos con personas y apellidos detrás, vinos con muchas historias que contarnos. Pero eso vendrá en breve. Pues bien, Emilio Moro, una familia, una bodega que comprende ambos mundos, el de grandes producciones con una altísima calidad y pequeñas producciones que son obras de arte, expresión pura de la uva de la zona, del suelo, de la gente que lo nutre, que lo mima día a día. 

Muchos clientes y amigos presentes en la Escuela. 

Se ha convertido ésta  en un templo del vino, en un lugar donde el vino y su gente tienen su espacio. Me comentaba Javier que ellos no siguen la rigidez de la clasificación al uso de crianzas, reservas, etc. No les hace falta, y no la comparten como muchos de nosotros. Jóven, crianza, reserva?… ‘Mejor poner nosotros nuestra vara de medir calidades’, han pensado. Y no está nada mal!. Resalso, Emilio Moro, Malleolus de Valderramiro y Malleolus de Sanchomartín. 

 La cata fue in crescendo en matices, en complejidades. En profundidades. Javier Moro de una forma directa, con el corazón, nos transmitió el porqué de cada vino, su historia. Por su parte, otro Javier, Javier Carmona, Director de la Escuela,  hizo la técnica. El joven de la familia, el Resalso,  goloso y amable de beber, aspecto este último que  muchos olvidan. Emilio Moro, poderoso, con un brío de lo más interesante que aún permite botella que lo afine. Un vino gastronómico, que pide viandas y tertulia sin fin. Y qué decir de los dos pagos?. Finura embotellada. Dos terrenos distantes menos de un kilómetro y en el que la altura,  y obviamente los suelos, marcan diferencias notables pero que en ambos casos enamoran. Viñedos de entre 25 y 75 años se encargan de nutrir estas grandes vinos que no se elaboran todos los años. Si no se alcanzan los parámetros exigidos, estas uvas pasarán al hermano pequeño, cosa que tampoco nos desagrada!🙂. Una tarde donde la Ribera del Duero y una gran familia como los Moro, nos hicieron disfrutar mucho de vinos mimados con esmero, desde el joven hasta el más venerable. Y he de añadir que alguien contribuyó a mi sumo placer en esta cata. Mi compañero de cata. Mi primo José Antonio Sellés, 50% del Grupo Bardisa.  Gran conversador, gran ‘bebedor’ de vinos. Un enamorado de este líquido elemento que hizo de esta todo un placer por los comentarios y sensaciones compartidas.  Un intelectual del vino que quizá por su vasta cultura lo hace más cercano,mas accesible a todos los que le piden consejo en Bardisa. Además, su sonrisa le delata!😆. 

La verdad es que ambos seremos sumilleres, pero por encima de todo, enamorados sin complejos de esta bebida. Sin apriorismos establecidos que nos constriñan la posibilidad de disfrutar del Vino, con mayúscula. Y con ganas de compartirlo, cada uno en su terreno.