Conozco hace años a este hacedor de vinos. Recuerdo algo que escribí sobre uno de sus vinos. Curro era:

«- CURRO – Tengo el privilegio de conocer a esta persona y a la tierra que mima. Las palabras de Rafa lo dicen todo: “Curro es el mote cariñoso por el que se conoce a la persona responsable de todas las labores de campo y viñedo de Casa Balaguer desde que adquirimos la propiedad, se puede decir que nació en Balaguer. Curro , Paco Camarasa, han sido y son los ojos, la boca, los cinco sentidos, todo, Curro es Balaguer, vigñeron que vive por y para la tierra, que la respeta como nadie, conocedor, trabajador (de ahí le viene el apodo), honradez y sencillez, pero sobre todo persona con un cariño a la tierra, con una sensibilidad por la agricultura, fuera de todos los parámetros imaginables. Curro tiene parte de culpa de que a día de hoy Balaguer tenga una identidad, una definición como Propiedad Vitivinícola y como bodega, culpa de que nuestro vinos huelan y sepan a Balaguer, va por él y por todas las mujeres y hombres que todavía creemos en esto.”. Vino premiado donde los haya, 70% Monastrell del Pago La Arena y 30% Tempranillo del Pago La Carrasca.» 

Han pasado los años y este orfebre del vino se va despojando de todo lo innecesario a la hora de embotellar su  tierra, cual un San Francisco del vino. Hace tiempo que va en busca de la esencia, del alma del vino. Y lo está consiguiendo. En la maravillosa y vínica Albión es admirado, me atrevería a decir que venerado, como sólo saben hacer los amantes sinceros del vino. Y en muchos más países. Busca la emoción en lo que hace, busca hermanarnos con la tierras que alumbran sus vinos tanto en el idílico paisaje de La  Mata, como en la sobria y bella Villena. Vinos que no se parecen a nada. Colores, aromas que te reconcilian con lo que muchos pensamos que es el vino. 

Como dice el gran Álvaro Palacios, “Hay que devolver el vino a los que trabajan la tierra”. Y Rafa la trabaja, la mima. Se fusiona con ella de una forma visceral, sin concesiones. El otro día, en un local donde el dueño cuida al vino como pocos en mi ciudad,  ofreció uno de sus vinos a dos jóvenes que se dejaron aconsejar con toda confianza. Quién dice que los vinos diferentes (con alma) son difíciles de entender?. Esta pareja estaba encantada!. 

Me vi “obligado” a pedir una copa para mí!. PD. Bendita obligación!!!. Frescor, alegría, luz, color, mediterráneo, mil matices vinieron a mi encuentro. 

Hay una persona que admiro (admiramos) profundamente en este mundo del vino. Un filósofo del vino, capaz de describir sensaciones del vino como pocos, como muy pocos. Hablo de Joan Pallarés. Ambos compartimos pasión por este alicantino. Hace poco en El País hablaba de uno de sus vinos. Decía ésto de La Amistad :

«Como el ‘Verano’ de Arcimboldo: La Amistad de Rafa Bernabé y Olga Navarro es un gigante de barro coronado de racimos de uva rojal.

La Amistad 2014 es una acuarela de colores vivos y llamativos. Parecen ligeras las aguadas, flotan en el papel como si quisieran huir. Pero atraen porque poseen los secretos del matiz, de las texturas y de los colores de la luz. Con placidez se aposentan en los ojos y en el corazón para no irse. Como este vino de Rafa y Olga. Tras la poda, los sarmientos han quedado en el suelo de la viña y llega la primavera con su explosión de vida. La amistad huele a vida. La tierra, hecha uva y tinaja, habla en él. Su voz es roja y poderosa pero, como en la acuarela, muestra matices, los del rojo: el de las cerezas ácidas; el de la arcilla que recibe las primeras lluvias tras un agosto de calor; el de la piel del pomelo rosa; el del fruto del madroño. Es un rojo rústico y salvaje, también amable y fragante, que huele a mosto y a hollejo, a tierra y a corazón del bosque.» 

No debo, no quiero añadir nada más. Me quiero quedar con el profundo sabor de estas palabras…