Sabio del vino?. Poeta del vino?. Vendedor de ellos?… Algo de lo anterior y mucho más. Si caes bajo su embrujo plácido no escaparás. Sus pócimas mágicas son los vinos que te hará conocer. 

Estoy convencido que personas como él son fundamentales para abrir la puerta amablemente a los que los ‘entendidos profesionales’ han expulsado, o más bien  no han dejado entrar en el mundo de Baco con su lenguaje críptico y postureo acorde a él. 

Pues bien, la semana pasada,  en su pequeño templo alicantino de “Tiza y Flor”, tuvo lugar una cata de lo más interesante. Una cata vertical de txacolís y ‘alguna’ sorpresa más a las que Pedro nos tiene acostumbrados. Álava, Vizcaya, Valladolid y Gerona estuvieron muy bien representantadas. 

Una cata vertical de txacolís?. Sí, como suena. Es un vino más complejo de lo que se suele pensar. Y la gente de Uno lo ha demostrado.  Es un proyecto que nació como el sueño de tres personajes. Juan José Tellaetxe, párroco (como suena!), José Cruz Guinea, hostelero y José María Gotxi, ganadero. Contaron en el arranque  principio con el asesoramiento del gran viñerón Roberto Oliván. Los tres primeros unieron sus viñedos y su pasión por las variedades propias (la Hondarrabi Zuri y la Hondarrabi Zuri Zerratia) y su idea preclara de que el clima y la variedad de suelos tenían que dar un txakolí que tuviera un sello propio. No se equivocaron en absoluto. 

Quién dijo que el txacolí es un vino sin nada que resaltar, un simple vino joven del año sin más?. Pudimos comprobar que puede haber todo un mundo nuevo de sensaciones de lo más interesantes. Es un vino predominante atlántico, con gran personalidad y que bien mimado puede dar grandes resultados como pudimos comprobar. Desde la acidez montaraz del más joven hasta la amabilidad y cremosidad e incluso algún toque ahumado de los otros. El criado en roble francés y castaño, la madera ‘dulcificaba’ la acidez de una forma muy sutil. Lo dicho, Pedro nos abrió un nuevo camino, y ya van muchos,  para disfrutar de vinos ‘diferentes’, con alma. 

Y dentro de las sorpresas a las que nos tiene tiene acostumbrados, destapó dos joyas distantes geográficamente, pero unidas por su excelencia. Sota els ángels  y  Casio. Qué decir de ambos?. Que vinos así hace que uno se reafirme en su pasión por el vino, por lo que llega a hacer sentir. 

Una gran bodega. Entendemos la pasión que siente por ella Pitu Roca. Un vino profundo, elegante, duradero en el tiempo. La picapoll y la viognier te proporcionan un placer absoluto,radical.

«Un bosque mediterráneo rodea sigilosamente SOTA ELS ÀNGELS, que queda enmarcada en un paisaje mágico. El control ecológico y el mimo biodinámico que damos a nuestros viñedos nos permite extraer el alma de cada una de las variedades de uva y, al mismo tiempo, mejorar el equilibrio y la armonía del entorno. Aquí vivimos y trabajamos buscando de forma incansable el contacto fluido y familiar con el medio natural que nos rodea. Del terroir al cielo.”. Siempre que uno prueba sus vinos se da cuenta que lo consiguen María Jesús Polanco y Guy Jones. 

Y para finalizar la tarde una verdejo que es una reliquia viva, muy viva. Casio  es el nombre. Cepas de bastante más de 100 años. Una bomba de emociones las que nos presenta este inmenso vino de la tierra vallisoletana de La Seca. Lo que ha conseguido Beatriz Herranz con este vino es difícil de describir. Sensaciones totalmente nuevas para mí, tanto en aromas como en sabor. Alguien dijo que respirabas tierra, historia. Bien cierto. Y en boca?. Sabor profundo al mismo tiempo que sutil. Sensaciones únicas  que perdurarán en mi recuerdo. Seguro. 

Una tarde más donde Pedro consiguió enamorarnos un poco más del vino y de la gente que lo hace…