Cada día me gustan más los vinos sin etiquetas. El otro día lo hablaba con mi buena amiga Maite Corsín . Ecológico, orgánico, natural, biodinámico… Quiero un vino que me guste en primer lugar. Y después, las etiquetas. Y quiero  saber de ese vino. Quiero que me cuenten, que me narren su historia. Quiero sentirlo como mío. Quiero haber ‘participado’  en todo el proceso desde la tierra hasta la botella. Sólo así podremos amar al vino como parte de nuestra herencia cultural, gastronómica. La comunicación es básica para ganar adeptos a esta bella causa que es el vino.  Personas como Joaquín Gálvez, Pedro Ballesteros, Almudena Alberca, Custodio López Zamarra,  Josep Lluís Pérez Verdú  por poner sólo algunos ejemplos, son el paradigma de hablar del vino con el corazón, cada uno en su campo. Pues bien, esta semana me fui a ver de dónde sale un vino alicantino de nombre ‘familiar’, Finca Sellés.  La gente que me conoce sabe que me gusta añadirme esta ‘coletilla’ como mantra personal: “sólo soy objetivo en temas sexuales y gastronómicos. En el resto soy histriónico, exagerado.”. El primer punto, obviamente no viene al caso. El segundo lo explicaré al final de estas líneas.

Como decía, hacía el pueblo alicantino de Sax que nos fuimos, a la ‘vendimia’ como le gustaba decir al propietario de ese vino. Por el camino me iba contando historias de donde íbamos. Ese vino me gusta. Es agradable, fácil, honrado, frutal, jovial, sincero… Un vino sin ‘complicaciones’. Para ‘beber’. Y el vino no tiene que ser así?. Más de uno se rasgará las vestiduras parabolanas. Me refiero a los sesudos entendidos complicadores del vino. A los ‘expertos’ agitadores de copas y que han expulsado a muchos posibles consumidores de vino… Una de las premisas básicas de los hermanos a la hora de hacer este vino era que fuera ‘para todo el mundo’. Y lo han conseguido. Pero lo que no me esperaba era ver lo que vi. En primer lugar, las fechas. Vendimiando al límite,con mucho riesgo. Cuando se considera que la uva está en su óptimo momento,aunque sea peligroso. De hecho, dos días después de finalizar la vendimia, diluvió en Alicante. Bien,  llegamos al bello paraje de donde sale la uva. 

Lomas boscosas rodeando la ‘Quinta don Bernardo’, parte de la Finca de ‘La vida de Rafael Esteban’. Cuarenta años de edad media de Monastrell. Una finca con dos riegos al año. Sin tratamientos químicos. Racimos relucientes cual perlas. 

Tres personas recogiendo cada racimo con un cuidado, con un mimo que me llegó al alma. 

Lucas, el encargado, manos recias, conversación afable, me comenta anécdotas de hoy y del pasado. De lo poco que se paga la uva tambien. Cuánto nos queda por aprender de nuestros hermanos franceses!. 

Respiro profundamente. Me aisló. Repito siempre el mismo rito. No quiero olvidar nada. Al margen de las fotos, quiero grabar todo en mi corazón. Es la única forma que luego pueda comunicarlo, compartirlo. De aquí la uva se acercará a la Cooperativa de San Blas,  que está al lado. Y ahí empieza el camino del Finca Sellés. De ahí irá  a Bocopa y los dos hermanos cuidarán todo el proceso. Desde el inicio. Ahora entiendo muchas cosas. Por cierto, el mantra personal que comentaba al principio, aquí viene la explicación!.  Estos dos hermanos son mis primos hermanos!…