Tarde de tormenta en Alicante. Una cata programada de vinos con alma. Un lugar que apuesta por vinos que transmitan sensaciones

Todo prometía una tarde de lo más amena y efectivamente, así fue. Tras el diluvio típico de nuestra ciudad, algunos nos temíamos que no tuviera lugar el evento, pero creo que todos teníamos ‘ganas’ de probar los vinos de El Solà d’Ares, los vinos de un personaje que pone el alma en lo que hace, Toni Sánchez Ortiz. 


El lugar, un wine bar que en poco tiempo se ha convertido en un lugar de peregrinaje para los amantes del vino sin complejos. Un peregrinaje laico en busca de vinos que te digan algo. Muchas referencias, todas buscadas con esmero por los que están al frente de este joven negocio te garantizan excelentes momentos. Hablamos del Syrah. 


Y la parte ‘sólida’ tampoco va a la zaga. Quesos, chacinas, algo dulce… 


Lo dicho, uno de esos lugares en los que te dejas llevar gustosamente. Pues bien, allá que nos fuimos a probar distendidamente los vinos de este leridano. El ‘maestro de ceremonias’, Nacho Sáez Maestre, luchador incansable al frente de su  proyecto-realidad, Indie Spanish Wine, un reducto donde se ‘refugian’ referencias rebuscadas de vinos ‘con personas’ detrás. Vinos de pequeñas bodegas en las que hay miles de historias que se transmiten con cada botella. Y esta bodega tarraconense es una de ellas. Garnachas, cariñeñas, algo de tenpranillo fueron las encargadas de llevarnos a las comarcas del Priorat y alrededores. El fin de fiesta fue una cerveza de garnacha que sorprendió tremendamente. Del 2012 y con un frescor digno de todo elogio.

 El orden de los vinos, perfecto. Sensaciones que se iban multiplicando exponencialmente desde el Petit Saurí, el Saurí, el Saurí Vinyes Velles hasta el Bessons. 



Los asistentes, gente con la mente abierta, gente dispuesta a disfrutar sin ningún tipo de ‘miedo’ una vez rotos los temores de rigor. Me explico. Algunos de ellos no habían asistido a ninguna cata previamente, y decían que la frase que a mí me pone triste en cierta manera: “es que yo no entiendo de vinos!”. Cuando le explicas a la persona en cuestión que el vino es algo lúdico, para disfrutar, para compartir, todo cambia, como así ocurrió. Cuando cuentas la historia de la tierra, de las personas que hacen el vino y haces partícipe al asistente a la cata, se crea una complicidad de lo más estimulante. Así pasó. ‘A qué os huele?, con qué alimentos lo acompañaríais cada uno?’. Esa información compartida entre todos los participantes hizo que las sonrisas fluyeran por doquier. Cuando acaba una cata y escuchas que están deseando ir a la siguiente, uno se siente feliz. Y si encima miras a tu alrededor, como fue el caso en el Syrah, y ves copas de vino en mesas de gente muy joven, sabes que haciendo las cosas de otra manera, aún queda esperanza. 


Los vinos, haciendo honor a su nombre. Saurí, o zahorí, persona que busca el agua. Así son estos vinos, vinos que se nutren de viñedos cuidados con esmero donde ellos buscan en las entrañas ancestrales de estas tierras de vinos. Y el último?. Qué decir del Bessons?. Una bomba de fruta. Un vino de otra época que nos trajo recuerdos a todos los que lo disfrutamos. Recuerdos de pueblo, de meriendas sin prisa, de olores que tenemos guardados en nuestro corazón. Lo dicho. Una gran tarde, más bien tarde-noche porque no queríamos ponerle fin!. Un lugar proclive a amar al vino, vinos para despertar sentimientos y gente dispuesta a dejarse llevar por el maravilloso mundo del vino. Qué más se puede pedir?…