Pedro Ruíz Belda y su Tiza y flor o como enamorarte con los vinos con alma. 


Lo ha vuelto a hacer esta semana. Atestado el pequeña-gran lugar de ‘hinchas’ esperando con ansia a Beatriz Herranz, que vino con Félix Crespo. 


Hacen falta muchos proyectos como este. Hacen falta mucha gente como ellos. Vinos honestos, puros, sinceros, directos, emocionantes. No son perfectos?. Ni falta. Son ‘necesarios’. Su labor de recuperación de viñedos, su mimo a la tierra. Su búsqueda constante de una tipicidad perdida es algo que agradecemos los que amamos los vinos con alma. 

Empezamos la gran tarde con Praepetisco. 


Fue el único tinto. Juan García la uva. Arribes del Duero su cuna. Quieren dar a conocer la zona para que no se abandone. Viñedos de 80 años. Huele a paisaje, a su tierra. Frescor puro. Como me comentaba Pedro, ‘un vino que quita la sed’. Totalmente de acuerdo!. 

Pasamos al Cucú. 

Todavía sin embotellar. En unos días lo estará. Fantástico su afán de mostrarnos la verdejo tal cual fue. Sin adulterar. Cuando pruebas el verdejo ‘industrial’ te entra cierto(mucho!) cabreo. Qué han hecho los ‘grandes’ con la verdejo en Rueda?. En qué se parece a la uva auténtica?. Es triste. Pero menos mal que hay gente como Beatriz que nos reconcilian con un pasado que nunca se debió destrozar con levaduras clónicas y prácticas  que hacen  que todos los vinos sepan igual. 

Seguimos con Barco del Corneta. 


Infinitos matices para disfrutar. Largo… Nos comentó que plantó con su madre las uvas. El complemento ideal al Cucú, a ‘un joven nada común’. Una progresión, un salto importante pero cada uno perfectamente acomodado en su sitio. 

Y vino el cambio. Nos fuimos a una uva que cada día está captando más mi atención  y mi preferencia. La uva palomino. Denostada por muchos he probado algunos que me’ tocan la fibra’. Bruto es el nombre de esta ‘rareza’, de esta bendita rareza. 


Unas cepas muy,  muy viejas son las responsables. El color, el sugerente aroma y su explosión en boca hacia terrenos vírgenes…  Me emocionó?. Sí. 

Y llegó Casio… 


Salvaje es el adjetivo. Viñedos viejísimos de verdejo para un vino con matices desconocidos. No te deja indiferente. Te hace soñar… Pensar. 

Y terminamos con Judas. 


Buen final con este tipo de viura también desconocida para mi. Apenas media hectárea dan como resultado esta delicadeza con mucha personalidad. 

Y acabó la tarde. Y Dante con su Divina Comedia debe estar contento con sus tres personajes… Gracias, Pedro, por otra tarde mágica. Y gracias a Beatriz y Félix por demostrarnos que otro mundo vitivinícola es posible… 

Anuncios