Pasan muchos años y te vuelves a encontrar con una mujer muy especial. Mar. Especial por su corazón desbordado. Seria, sí,  pero que siempre transmitía calidez se podría decir. Me la encuentro en una cocina y otro gran cocinero (al que estaba haciendo de pinche!. Así es ella!)me dice que tengo delante mía a la responsable de los fogones de un ‘bar’  en un lugar muy apreciado, (de los que más!) en los procelosos mundos de Internet. El Bar Estiu. Prometo ir, quiero ir. Pero nunca llega el momento. Un viernes por fin, hacia allá fuimos. Un barrio, apartado del centro. Una calle cualquiera. Pero nada más cruzar el umbral me siento feliz, a gusto. Me presenta a la otra mitad del Estiu. Una mallorquina de pro. Macu. Enseguida la siento cercana. Es algo maravillosamente extraño. Tengo que irme pero reservo para comer más tarde. De hecho no quería irme!. A La vuelta le dije que nos preparara lo que quisiera… Comida memorable. Producto de mercado mimado hasta el extremo. Memorable experiencia por su honradez, por su humildad, por sus sabores, por su sublime arroz, (arroz con sabor a madre!)… Y por la charla posterior… Harían falta muchos sitios como este. Sitios donde se mima el producto, sitios donde el motor es el corazón. Y sus corazones son muy, muy grandes…

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