Me gusta acompañar al domingo en su despertar. Me gusta su silencio fresco, su cielo, su promesa de que a poco  que seas cómplice, todo irá ‘relajadamente’ bien. Su sol hipnótico con aves urbanas dando su particular buenos días como espectadoras privilegiadas. La arena cual pergamino de la mejor calidad lista para recibir los textos más deliciosamente simples… 

Me gusta el tempo de los domingos… Y este de la onomástica de un ser ancestral en mi vida, mucho más. 

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