Había pasado cierto tiempo. Pero la vuelta al que siento como mi casa fue un placer absoluto. Muchos sentimientos y un César Marquiegui pletórico, inmenso. Hablo del Nou Manolín. Una institución gastronómica cuyo rumbo los hermanos Castelló, (José Juan y Silvia), manejan como pocos en este mundo culinario, con prudencia genética y sabiéndose adaptar a los tiempos. Muchos saben que una parte de mi mundo son los vinos con alma, los vinos con artesanos detrás que miman la tierra, su fruto, para ofrecernos el mejor homenaje desnudo a Baco en forma de vinos honrados hasta el extremo. Pues bien, César es un orfebre de los fogones. Un producto sublime es capaz de transformarlo en algo que traspasa todos los límites hasta emocionarte. Por ejemplo, una ostra en un sutil, casi etéreo, escabeche. Un calamar como no recuerdo jamás haber probado. Un foie con higos, maíz, en combinación mágica que convertía este plato en algo extremadamente ligero. Un pez limón con unos hongos que te hacía sonreír de placer. Una carne simplemente perfecta. Unas frutas que sublimaban su sabor. Un punto dulce final que redondeaba el conjunto… Una mencía acompañada de garnacha tintorera y garnacha de ese druida celta que es Roberto Regal, embajador de la Ribeira Sacra, y unas cariñeña y garnachas de un catalán como Toni Sánchez que nos emocionó. Un vino tan arraigado a la tierra del Priorato que te emociona. Ambos vinos acompañaron la comida y la charla en torno a este tipo de vinos. Y Casto, profesional de sala y sumiller que te traslada a un mundo donde los sentidos son mimados ejerciendo de maestro de ceremonias.

Feliz de la vuelta a la que considero mi casa y feliz de ver a profesionales que honran a algo tan maravilloso como es la Gastronomía de una forma única. Y de poder llamarlos amigos…

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