En un día no muy propicio en el que los dioses laicos habrían aconsejado una honrosa retirada nos vamos camino de Calp. Me informo por Facebook para ‘ver’ qué me puedo encontrar. Todo muy aséptico. Nada que te llamé la atención, que te toque la fibra. Hace muchísimos años que no iba por allí. Recuerdo que me gustaba. Pero Altea se encargó de robarme el corazón! Hace frío cuando llegamos. Luz invernal, final del paseo. Un pequeño acantilado. Aire del mediterráneo que limpia todo y que da la vida. Y nada más acercarnos ya sé que va a ser un gran día. La energía del lugar te acaricia. Nos quedamos ensimismados sin entrar y Encarna, la propietaria, sale a por nosotros con una inmensa sonrisa. Hay una terraza deliciosamente kitsch que pide sentarse a beber unas burbujas, quizá un rosado, y dejarse llevar. Paz, sosiego. Plantas que reciben cariño y lo dan. Aromas de cocina ‘entrañables’. Decoración tranquila, cálida. Felicidad. Sí. Se respira felicidad.

Una vez dentro se me confirma todo. Es un lugar con mucha alma. La sonrisa de Encarna lo inunda todo. Nos deja ‘en manos’ de su encargado, Antonio. Buenas manos. Nos presentamos. Profesionalidad, cercanía… Vuelve la anfitriona y nos presenta a la responsable de esos aromas capaces de despertar tantos elogios por nuestra parte nada más entrar. Su madre!!! De tal hija tal madre se podría decir! Todo sonrisa, corazón, alegría contagiosa… La relación de ambas es algo muy especial que Encarna me explica en la larga, larga sobremesa.

Una cerveza para ir ‘relajando’ los sentidos y deseando que empiece todo. Intuyo que va ser un auténtico lujo. Nos comenta la hija que nos va a hacer de principal un arroz con almejas, percebes y canaillas… En fin, el enunciado promete. Nos sentamos sin ella y empiezan a aparecer viandas. Lujo. Todo.

Absolutamente todo casero. Elaborado por ellos o familiares. No me puedo resistir a probar los encurtidos. Intuyo que son pencas uno de ellos. Me lo confirman. Ya no tengo dudas. Voy a ser un privilegiado hoy. Quien es capaz de hacer algo así, convertir unos ‘humildes’ encurtidos en algo tan importante, es alguien especial, con un alma que lo impregna todo. Deseando que se siente Encarna! Todo llama nuestra atención, todo despierta nuestros sentidos! La entradas son un festival de sabores. Sabores de antaño, hechos por una madre que ama los fogones. El all i oli, de mortero. El pan, artesanal. Nos comenta que a raíz de estar estudiando sumillería en el CDT de Denia el tema de vinos también quiere darle su ‘toque’. Volvemos al alma. Para ella éste es un ingrediente primordial.

Y llega el arroz en un perol de barro humeante.

Me sentía cual Ratatouille!!!. Había para el doble de personas!. Incluso frío era algo delicioso! ‘Hubo’ que acabar con él, sin mucho esfuerzo, todo hay que decirlo. Me recordaba a la mejor arrocera que conozco. Mi madre. Meloso, los ajos tiernos llevando en volandas al conjunto… Mucho cariño había en ese plato, en toda la comida, postres incluidos.

Y para acompañar el momento extático, la ‘armonía’ de un mago como Felipe Gutiérrez de la Vega…

Y la música elegida por ella arropando el conjunto en maridaje perfecto durante toda la velada.

La noche era cerrada cuando muy a nuestro pesar hubo que dar por finalizada esta experiencia para los sentidos. PD. El destino me hizo ir en un día que pintaba en oscuro, pero acabó radiante. Gracias, Hydra por conseguirlo!. Gracias, Encarna, por compartir tu alma en un lugar que es mucho más que un restaurante.

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