Cada día más alegrías nos aporta el mundo del vino. El de los vinos con alma de Indie Spanish Wines. Un mundo dominado por la emoción, por la pasión. Pasión que se retroalimenta. Productores y consumidores añaden el mejor combustible posible. La pasión, el corazón. Y esta energía hace que la nave de los vinos con alma, de los vinos honrados, de los vinos artesanales surque los mares del Estado vitivinícola cada día con más fuerza.
Ayer aprendimos Nacho y yo mucho, muchísimo. Nos fuimos hacia zona fronteriza de vinos. Mancha, altura, sintiendo el Mediterráneo extrañamente lejos. La Encina, en las comarcas alicantinas de clima ‘recio’, manchego. Antaño paisaje de vinos hoy venido a menos pero con personas que te enseñan a amar este mundo de vinos de una manera que te llega al corazón. Hablamos de José María Espí.

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El lento proceso de incorporación de Bodegas a ISW(Indie Spanish Wines) es algo que disfrutamos Nacho y yo sobremanera. Contactos que te llevan cas sin querer, lecturas, gente del vino… Mil caminos que hacen que nos impregnemos de esas bodegas, de sus vinos, de su ilusión al cien por cien. En este caso no iba a ser menos. Cuando probamos muchos de sus vinos una sonrisa cómplice nos invadió a los dos. Monastrell antítesis de lo habitual. Forcallat, blanca y negra, garnachas ‘frescas’… Había que acercarse a ver quién era capaz de hacer vinos así de libres!. Y dirección Villena que nos fuimos!. Una calle perdida cerca de la estación de tren cercana. Otrora 2.000 almas habitaban La Encina. Hoy, apenas 200. En esta minúscula calle casi abandonada nos recibe José María. Afable, cariñoso. Poco más que un garage. Un señor embotellando y etiquetando botella a botella…

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Empieza el recorrido. Estancias un poco más grandes. Una máquina de más de 100 años que apenas acaricia el grano ya habla de la filosofía de este alquimista respetuoso con la Naturaleza. Defensor de las levaduras indígenas. Biodinámico también.

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Vamos a los pequeños recipientes donde todo empieza. El olor es particularmente agradable. Te envuelve. Una de las cubas tiene un velo flor. Probamos. Celestial. Rosado de merlot. Adictivo en su sencillez frutal. Un maceración carbónica de forcallat con monastrell que nos hace sonreír como niños a Nacho y a mí. El blanco de forcallat, goloso, elegante… Nos cuenta historias sobre sus orígenes. Sobre variedades que el conoció y que ya han desaparecido. Es un erudito, arquitecto y arqueólogo, pero de una sencillez que se palpa. Finalizamos con un vino dulce de garnacha reducido en olla al 50 por ciento con añadido de vino joven y aguardiente de garnacha sencillamente espectacular.
Felices nos vinimos hacia Alicante. Contentos de conocer a un caballero como José María Espí. Nos sentimos privilegiados por disfrutar en vivo de una parte muy importante de nuestra historia vitivinícola…

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